
En la flor de la vida (política) se nos ha ido el Consejero de Sanidad, el joven Juanjo, esa estrella que ha brillado en la política madrileña desde antes de tener uso de razón, o más bien con toda La Razón de El Mundo. Y se nos va, pero se queda, como decía aquella horrible canción, porque lo que ha sucedido es que al parecer, la joven promesa de la política ha optado por la enseñanza en una prestigiosa escuela de negocios. El yerno del suego ha encontrado su vocación, enseñar a los demás lo que sabe, tras dedicarse a la política desde mucho antes de ser concebido en el seno materno.
Y ya hay revuelo de alumnos en el aula a la que irá destinado el futuro docente, los alumnos están tan ansiosos por empezar a aprender algo práctico, que se han organizado eligiendo inmediatamente al que será el delegado de clase durante el próximo curso. Al parecer, todos los votos han recaído en un tal Ulibarri, que viene del negocio de la construcción sanitaria, es decir que lo mismo ponía ladrillos que gestionaba hospitales. Hay rumores insitentes de que ha habido pucherazo, pero nadie se atreve a decirlo en voz alta, por las consecuencias que pudiera acarrear abrir la boca.
Y ya hay revuelo de alumnos en el aula a la que irá destinado el futuro docente, los alumnos están tan ansiosos por empezar a aprender algo práctico, que se han organizado eligiendo inmediatamente al que será el delegado de clase durante el próximo curso. Al parecer, todos los votos han recaído en un tal Ulibarri, que viene del negocio de la construcción sanitaria, es decir que lo mismo ponía ladrillos que gestionaba hospitales. Hay rumores insitentes de que ha habido pucherazo, pero nadie se atreve a decirlo en voz alta, por las consecuencias que pudiera acarrear abrir la boca.

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